Universidad Nacional de Río Cuarto

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Juego problemático, señales de alerta

Apuestas online: un 19% de los adolescentes está en riesgo

  20 de Febrero de 2026

El peligro en los varones es siete veces mayor que en las mujeres. A más nivel educativo materno, menor incidencia. Lo revela una investigación desarrollada con casi 300 estudiantes de los dos últimos años de escuelas secundarias de la ciudad. Las principales causas son la alta exposición a estímulos permanentes y la facilidad de acceso a plataformas para apostadores

 Casi dos de cada diez adolescentes manifiestan conductas de riesgo en relación con las apuestas online. Así lo revela un estudio realizado en siete escuelas de nivel medio de la ciudad de río Cuarto.

“Predisposición al juego problemático en adolescentes: evidencia desde la economía experimental y conductual” se titula este trabajo pionero, que revela alta heterogeneidad y marcada diferencia por género en Río Cuarto.

El director es el docente investigador de la UNRC Juan Munt, doctor en Desarrollo Territorial, quien lleva adelante este proyecto junto con la doctoranda Analía Rodríguez y la tesista de grado Julia Mazzone.

Es una de las primeras experiencias sistemáticas en Argentina y América Latina que adapta protocolos experimentales europeos al análisis de conductas económicas en adolescentes en contextos reales. A diferencia de las encuestas tradicionales basadas únicamente en opinión declarada, el estudio observa cómo toman decisiones los estudiantes bajo incentivos y condiciones controladas, con criterios de rigor cuantitativo y comparabilidad internacional.

La muestra estuvo compuesta por 297 alumnos de nivel medio pertenecientes a siete establecimientos educativos de la ciudad, con distribución territorial. Y el dato más significativo es que “el 19 por ciento de los jóvenes evaluados presenta indicadores de riesgo o juego problemático”. Es decir que describen la presencia de una conducta de peligro en un entorno digital de alta exposición a estímulos y bajo nivel de regulación percibida. Sin embargo, se puntualiza: “El fenómeno existe, pero aún no presenta rasgos estructurales consolidados”, a la vez que se lo caracteriza como “un problema transversal y contextual”.

El estudio fue realizado por el Laboratorio de Economía Aplicada, centrado en la generación, adaptación y replicación de protocolos internacionales validados para el análisis de conductas económicas en contextos reales.

Más riesgo para los varones

Uno de los datos más relevantes es la brecha por género. El 37,2 por ciento de los varones se ubica en categoría de riesgo, frente a 5,3 por ciento de las mujeres. La diferencia es de 31,9 puntos porcentuales. En términos relativos, la incidencia observada en varones es aproximadamente siete veces mayor que en mujeres.

“Este resultado no implica estigmatización, pero sí muestra que la predisposición no está distribuida de manera homogénea en la población adolescente. La mayor concentración del riesgo en varones sugiere que factores de socialización y dinámicas grupales podrían estar desempeñando un papel relevante”, señaló el doctor Juan Munt.

El entorno importa más que la impulsividad

El estudio evaluó patrones de decisión vinculados con la preferencia por recompensas inmediatas, la disposición a asumir riesgos y la consideración de consecuencias futuras.

Munt sostuvo: “Los resultados no muestran diferencias estructurales fuertes en impulsividad general entre adolescentes con y sin riesgo. Esto desplaza el foco desde una supuesta ‘generación más impulsiva’ hacia el diseño del entorno digital: alta exposición a estímulos permanentes y facilidad de acceso a plataformas de apuesta. En términos simples: el fenómeno parece estar más asociado al contexto que a una predisposición individual extrema”.

 Si la madre posee educación superior completa, la incidencia disminuye

También se observaron diferencias vinculadas con nivel educativo materno. La menor incidencia aparece cuando la madre posee educación superior completa, mientras que los mayores niveles de riesgo se registran en categorías donde existe menor claridad sobre el entorno educativo del hogar.

No obstante, se remacó: “El fenómeno no responde a una única causa ni a un único grupo social. Es transversal y complejo”.

Juan Munt: “Articulación entre universidad pública y demandas concretas de la comunidad”

En cuanto a la realidad local sobre la que hecha luz este relevamiento, el doctor Juan Munt dijo: “Se detectó que 19 por ciento de los estudiantes evaluados presenta indicadores de riesgo o juego problemático”. Agregó: “La cifra no describe una situación mayoritaria, pero tampoco puede considerarse marginal dentro del sistema educativo urbano” y destacó: “El entorno importa más que la impulsividad”. Además, el investigador consideró que el trabajo “es un ejemplo de articulación entre universidad pública y demandas concretas de la comunidad”.

Analía Rodríguez: “Aportar evidencia rigurosa”

La profesora Analía Rodríguez expresó: “Como universidad pública no podemos permanecer ajenos a una problemática que los colegios y las familias ya están observando y, en muchos casos, padeciendo; sentimos la responsabilidad de aportar evidencia rigurosa para acompañar al territorio en la construcción de respuestas concretas”.

Mazzone: “Las plataformas construyen estrategias para captar la atención y mantenerlos jugando”

La tercera integrante del grupo de trabajo, Julia Mazzone, estudiante de Economía, señaló: “Participar de los talleres posteriores al experimento fue una experiencia muy movilizadora. Escuchar a los propios adolescentes reconocer cómo las plataformas construyen estrategias para captar su atención y mantenerlos jugando, nos mostró que el problema no es ingenuo ni casual. Lo más valioso fue poder pensar con ellos, de manera colectiva, sobre herramientas concretas para enfrentar esa dinámica. Como estudiante de Economía, fue gratificante comprobar que la investigación puede abrir espacios de reflexión y empoderamiento real”.

Cinco conclusiones

Los investigadores concluyen: “El fenómeno no es marginal dentro de la población escolarizada”; “no se explica por una predisposición generacional extrema, sino por la interacción entre vulnerabilidades leves (en el plano conductual) y un entorno digital altamente estimulante”; “existe heterogeneidad territorial que habilita estrategias diferenciadas”; “el problema no aparece consolidado como patrón estructural, lo que abre una ventana preventiva clara” y “la evidencia producida demuestra que es posible desarrollar en el territorio instrumentos conductuales replicables internacionalmente y utilizarlos para orientar políticas públicas basadas en datos”.

El informe fue dado a conocer este viernes y se inscribe en la agenda de Economía Experimental y Conductual desarrollada en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNRC, en el marco del proyecto de investigación Aporte a la Economía desde el Enfoque Experimental, que se lleva adelante con el aporte de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la casa de estudios.

La presentación de los datos tuvo lugar en Polo Científico y Tecnológico de Río Cuarto, en el marco de un acto, que presidió la rectora Marisa Rovera y contó con la presencia del decano de Ciencias Económicas, Guillermo Mana, junto a quienes estuvieron los integrantes de este equipo de investigación.

Este trabajo se desarrolló de manera articulada con la Defensoría del Pueblo de Río Cuarto y bajo estándares aprobados por el Comité de Ética de la UNRC, de acuerdo con la normativa vigente en materia de secreto estadístico y los estándares internacionales de rigurosidad propios de la economía experimental.

Mapas de concentración territorial del riesgo

La próxima etapa será la realización de mapas de concentración territorial del riesgo. Los investigadores señalaron: “Una segunda etapa permitiría desarrollar mapas de concentración territorial del riesgo, identificando zonas e instituciones donde el fenómeno tiene mayor presencia”. “Esto habilitaría intervenciones focalizadas y evaluables, consolidando un enfoque de política pública basada en evidencia”.

El contexto institucional y territorial influye en la incidencia

El promedio es de 19 casos cada 100 estudiantes, aunque existe una dispersión significativa entre instituciones: algunas se ubican cerca de 9 casos cada 100, mientras que otras superan los 35 cada 100. Esta heterogeneidad indica que el contexto institucional y social influye en la incidencia observada.

El documento que detalla la información recolectada indica: “Las mediciones de descuento intertemporal y de toma de riesgo bajo incertidumbre no muestran diferencias estructurales marcadas entre adolescentes con y sin riesgo. Esto sugiere que la problemática no se explica por impulsividad económica general extrema”.

Agrega: “El indicador de orientación hacia consecuencias futuras muestra desplazamientos leves en el grupo en riesgo, con superposición entre distribuciones. La variable aporta información relevante, aunque no determina por sí sola la conducta”.

“En conjunto, la evidencia sugiere que el entorno digital de alta exposición y fácil acceso desempeña un rol relevante en la amplificación de vulnerabilidades leves”, remarca.

Los investigadores advierten que “los resultados deben interpretarse con prudencia y dentro del alcance metodológico del trabajo”. Y aclaran: “El estudio no indica que la problemática esté generalizada ni fuera de control. La mayoría de los estudiantes no presenta indicadores problemáticos. Sin embargo, el 19 por ciento observado describe la presencia de una conducta de riesgo en un entorno digital de alta exposición a estímulos y bajo nivel de regulación percibida. El fenómeno existe, pero aún no presenta rasgos estructurales consolidados”.

Además, precisan: “El estudio no permite afirmar que asistir a un determinado tipo de institución educativa determine la presencia de riesgo”. “Si bien se observa heterogeneidad entre establecimientos, la prueba no habilita conclusiones definitivas de georreferenciación ni de significatividad estadística asociada al tipo de gestión o región”. “Las diferencias responden a patrones agregados”. Y subrayan que “por razones metodológicas y éticas, se mantiene la reserva institucional de los establecimientos involucrados”.

Por otra parte, el informe da cuenta de que “los resultados no sostienen la idea de una generación estructuralmente más impulsiva”. “Las mediciones conductuales no muestran diferencias marcadas en impulsividad económica general”. “Esto es relevante para política pública: el problema no parece derivarse de predisposiciones individuales extremas, sino de vulnerabilidades leves que interactúan con el entorno”.

Remarcan: “El fenómeno no puede atribuirse a un único grupo social ni a una variable aislada. Se trata de un problema transversal y contextual”.

Y agregan: “Las conclusiones del estudio se derivan exclusivamente de variables económicas conductuales medidas mediante protocolos experimentales validados internacionalmente. Se evaluaron patrones de decisión bajo incentivos -descuento intertemporal, toma de riesgo bajo incertidumbre y orientación hacia consecuencias futuras-  y no diagnósticos clínicos ni rasgos psicopatológicos, que corresponden a otras disciplinas. El trabajo no utiliza categorías médicas como ‘ludopatía’, porque su objeto de análisis es el comportamiento económico observable”.

El Estado y las familias

El informe surgido de este trabajo de investigación indica: “La evidencia sugiere que el entorno digital desempeña un rol más relevante que una predisposición individual extrema. Esto desplaza el foco desde una lectura centrada exclusivamente en la responsabilidad individual hacia el diseño del entorno decisional. El Estado puede actuar -en articulación con las familias- sobre las condiciones estructurales que moldean las decisiones adolescentes en contextos digitales”.

“La heterogeneidad observada entre establecimientos indica que las intervenciones no deberían ser generales ni meramente declarativas. La evidencia permite diseñar estrategias diferenciadas según género, dinámicas institucionales y características socioculturales asociadas a cada comunidad educativa. La política pública eficaz requiere focalización y trazabilidad”.

“La etapa actual del fenómeno -significativa pero no estructural- configura una ventana de oportunidad preventiva”, advierten.

En cuanto al rol del Estado, se sugiere que se trabaje en cuatro aspectos. Uno es el diseño de arquitectura de la elección: límites de gasto y tiempo configurados por defecto en plataformas digitales, aumentando la fricción para apostar y reduciéndola para proteger. El segundo está centrado en la regulación de estímulos: disminución de la intensidad y frecuencia de incentivos digitales dirigidos a adolescentes. En tercer lugar, está la alfabetización económica y digital: fortalecimiento de la comprensión de probabilidades, riesgo y sesgos conductuales en el ámbito educativo y familiar. Y, por último, se propone que se apunte a las intervenciones específicas con evaluación posterior: medidas focalizadas, medibles y revisables, con seguimiento de impacto.

 

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