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1º de Mayo, Día del Trabajador 

Cuando este comentario llegue a manos de los lectores, la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba habrá iniciado los actos de conmemoración de los 50 años de su creación y 30 años de su permanencia en la CTERA. Estas instancias nos invitan a reflexionar acerca de cómo hemos podido resistir al impacto de las diferentes etapas políticas que pretendieron modificar nuestros derechos y condiciones de trabajo. Releyendo actas de asambleas del año 1983, éstas describen que aquella situación no era tan distinta de la de hoy en cuanto a reclamos salariales, pero en esa época se transitaba un proceso de recuperación sindical para llegar 180 días después al primer acto eleccionario. Esta fue la primera restitución al derecho de la libre agremiación, vulnerado por la dictadura militar, lo que se sumó al pedido de restitución a sus puestos de trabajo de los docentes perseguidos. Hoy se ha logrado el reconocimiento de esos años de inhabilitación civil y cesantía para que puedan ser incorporados a su pedido de jubilación.
La década del 80 incorpora una concepción nueva en la construcción subjetiva del ser docente –no sólo éramos por el hecho de impartir enseñanza, sino que empezamos a reconocernos como trabajadores de la educación- justamente fue esa habilitación de la actividad gremial lo que nos permitió la elección de nuestros delegados escolares, de nuestros dirigentes, y también pudimos discutir los alcances de nuestra legislación laboral, la cual aún se sostiene como fruto de la unidad sindical.
Las transformaciones sociales, políticas y económicas de los años ´90 hicieron que el Estado lentamente fuera renunciando a la función específica de planificar el futuro de la sociedad; la educación fue promesa de movilidad social. Hoy, en el nuevo siglo, el desafío se plantea no sólo en términos de distribución del conocimiento, sino que también nos delegan, en la focalización de la asistencia gremial, asegurando una comida diaria, los abonos del transporte y el par de zapatillas. Esta crisis nos ha condicionado a considerar nuestro rol, atendiendo a estas desigualdades, es porque somos solidarios, porque la escuela es una institución abierta pero a la vez limitada en sus respuestas a la recuperación de los rasgos culturales que nos han caracterizado. Hoy decimos que pedimos trabajo genuino para los padres de nuestros alumnos, que queremos que niños y jóvenes estén en las aulas y no en las calles, y que también se efectivice una recuperación salarial para todo el sector que desde 1993 no recibe recomposición en sus haberes.
Finalmente, recuerdo las palabras de Juan Pablo II de mayo del ´96 que nos dicen “…sería una pena que faltase la solidaridad entre los trabajadores, cuando las condiciones laborales se vuelven degradantes o cuando crecen los abusos y la arrogancia en quienes desde su posición ventajosa se atribuyen derechos que en modo alguno les corresponden…”

María I. Pedretti de Castresana,
Sec. Gral. UEPC Delegac. Río Cuarto


Tengo una esperanza

Tengo una esperanza que quiero compartir. Aferrarse en estos momentos de angustia que vivimos a lo positivo que encontremos a nuestro alrededor ayuda a no bajar los brazos y a contagiar un poco de optimismo. Me parece ver que nuestra sociedad está cambiando. Desde el movimiento espasmódico de las cacerolas nos estamos involucrando más.
Lo que sucede en el mundo deja pequeños a nuestros pesares argentinos. Pero cada cual libra su pequeña guerra para sobrevivir o morir en la lucha dignamente. Nos comprometemos más y salimos en las marchas a rechazar el genocidio en Irak. Si hay que firmar para que tengamos jueces dignos, buscamos la oportunidad de hacerlo y cuando vemos a ese cura, boina con escuditos, silbato en ristre, parando con el pecho los colectivos que le siguen cuarteando la parroquia, me vuelvo loca de alegría, porque todavía hay esperanza.
Si no lo hacen los gobiernos, nosotros lo vamos a hacer. Y se hará la asamblea mundial que debe parar a lo locos genocidas que están masacrando inocentes y que vendrán por más.
Y se desviará el tránsito sobre la boina del cura, y se devolverán lo ahorros de la gente que los sudó y los niños no tendrán hambre en un país que produce alimentos. Tengo la esperanza de que estamos más comprometidos y que sabremos votar. Y sabremos luchar para que se cumpla nuestra voluntad soberana.

María Teresa Nannini
(publicado en la sección “La voz de la calle”, La voz del Interior, 16/04/03.





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