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En temporada alta

Bajo la lupa: investigadores locales estudian agentes patógenos causados por las garrapatas

08 de Noviembre de 2018 - Además de molestas y desagradables, también producen enfermedades. Las elevadas temperaturas y la humedad son un caldo de cultivo para la propagación de estos arácnidos, que son agentes infecciosos de importancia en la salud pública

Las garrapatas contienen una gran cantidad de patógenos y pueden causar enfermedades en animales y en humanos, por ello, un equipo de investigación de la Universidad Nacional de Río Cuarto estudia en la sangre de perros la presencia de agentes infecciosos transmitidos por estos desagradables huéspedes.

Hasta el momento el único género detectado es el Riphicephalus sanguineus, cuyo hospedador principal es el perro, aunque también puede afectar a gatos, conejos, equinos y humanos.

Cada garrapata genera hasta mil huevos por postura y en su ciclo de vida puede poner entre tres mil y siete mil huevos.

Cuando el termómetro comienza a subir, las garrapatas se refugian en las viviendas. Y ahora es una época que trae aparejada la presencia de una importante cantidad de estos grandes ácaros, de la familia de los arácnidos.

La proliferación de garrapatas, que se observa sobre todo en los perros callejeros que deambulan por la ciudad, se evidencia como una de las tantas consecuencias del cambio climático.

Cuando pican, liberan una enzima a través de la saliva que produce un efecto anticoagulante para poder alimentarse. En esa zona queda un eritema, que es un particular enrojecimiento de la piel.

En su ciclo de desarrollo se distinguen tres fases: larva -tres pares de patas-, ninfa -cuatro pares de patas- y adulto. Para pasar de un estadio a otro deben alimentarse de sangre, único momento en el que tienen contacto con el hospedador, lo cual dura entre tres y diez días. Detectan a su receptor a través de un órgano sensorial que tienen en las patas y una vez que están en su cuerpo, se mueven buscando las zonas con menos densidad de pelo como el abdomen, la cara, las orejas.

La puesta de huevos se realiza en el suelo, en áreas de vegetación. Y esos huevos eclosionan en dos semanas. Las larvas buscan rápido un animal que las hospede. Se alimentan durante unos días y vuelven al suelo para mudarse al siguiente estadio, que es el de ninfa, condición con la que buscan otro vertebrado para succionar su sangre. Luego, regresan al suelo y se convierten en adultos. El apareamiento, generalmente se produce sobre el individuo del que se alimentan.

La Enfermedad de Lyme sorprendió hace dos años en Argentina, cuando apareció el primer caso de una niña de La Plata afectada por una picadura de garrapatas en su rostro que le tapó el ojo izquierdo. Sufrió una parálisis y el diagnóstico de neuroborreliosis del nervio facial llegó tras cuatro años de estudios. Fue a causa de la bacteria Borrelia burgdorferi, que ingresó al organismo por la picadura de una garrapata del género Ixodes. Desde la picadura hasta que aparecieron los primeros síntomas pasaron dos meses. Tuvo un un cuadro gripal fuerte, otitis, caída del cabello en la zona izquierda, fatiga y dolor en las rodillas.

Se conocen unos 850 tipos distintos de garrapatas y, aunque la mayoría son inofensivos, algunos de ellos pueden transmitir enfermedades. En Río Cuarto, todas las garrapatas detectadas son de un único género, el Riphicephalus sanguineus.

Un problema emergente

La detección de agentes patógenos transmitidos por garrapatas en sangre de perros es el eje central del estudio que lleva adelante el grupo de la Facultad de Agronomía y Veterinaria, dirigido por la doctora en Ciencias Veterinarias, Griselda González. La co-directora del proyecto es la especialista en Ciencia Clínica Corina Guendulain y del equipo participan también el especialista José González y la médica veterinaria Marina Caffaratti.

En su trabajo puntualizan que “las garrapatas son artrópodos hematófagos que se encuentran entre los vectores más importantes de enfermedades infecciosas en el mundo y que actúan como reservorios de agentes infecciosos de importancia en la salud pública”. Y afirman que “constituyen un problema emergente y pueden transmitir agentes patógenos causales de enfermedades graves o infecciones subclínicas en los perros”.

Señalan que, en el país, las enfermedades más frecuentes transmitidas por las garrapatas son la hepatozoonosis y la ehrlichiosis. En la primera, el perro adquiere la infección cuando ingiere la garrapata parasitada y en el segundo caso, cuando el animal es picado por una garrapata parasitada.

La hepatozoonosis canina es una enfermedad parasitaria, adquirida por la ingestión de garrapatas infectadas con microbios del género Hepatozoon.

Hepatozoon canis –que se encuentra en Asia, África, Sur de Europa y América del Sur y es transmitida por garrapata Rhipicephalus sanguineous- y Hepatozoon americanum –de la zona de América del Norte, transmitida por garrapata Amblyomma maculatum, que genera un cuadro más grave- son las dos especies que pueden infectar al perro. Pero, la única reportada en el país hasta el momento es Hepatozoon canis, mucho menos agresiva que la otra especie, capaz de producir una enfermedad crónica, debilitante y severa, que con frecuencia lleva a la muerte.

Según indican los docentes locales, “el objetivo del trabajo de investigación es determinar la presencia de estos agentes infecciosos transmitidos por garrapatas en perros”.

En la UNRC, se determina la especie de Hepatozoon mediante PCR - Reacción en Cadena de la Polimerasa, una técnica de biología molecular, cuyo objetivo es obtener un gran número de copias de un fragmento de ADN de interés, partiendo de un mínimo - y la presencia de anticuerpos anti Hepatozoon canis por serología.

Además, estudian el género de garrapatas presentes en los perros analizados en el marco de este proyecto.

Trabajan con los canes que llegan al Hospital Escuela de la Facultad de Agronomía y Veterinaria. Y seleccionan aquellos que presenten garrapatas o signos clínicos compatibles con estos microorganismos.

Además, incluyen los perros a los que se les encuentran los organismos en forma accidental en el frotis sanguíneo -técnica científica que consiste en la extensión de una gota de sangre sobre la superficie de un portaobjetos o de un cubreobjetos, con el fin de analizarla posteriormente al microscopio-, aunque no presenten garrapatas ni signos clínicos.

Los primeros en Córdoba

Los integrantes del grupo de trabajo tienen antecedentes en esta temática. La hepatozoonosis fue diagnosticada por primera vez en Río Cuarto en el laboratorio de Análisis Clínicos del Hospital Escuela de la Facultad de Agronomía y Veterinaria, algo que no había ocurrido antes en la provincia de Córdoba.

Siete enfermedades

La doctora Griselda González puntualizó que son siete las enfermedades transmitidas por las garrapatas a los perros: ehrlichiosis, fiebre maculosa de las montañas rocosas, que no está en el país, hepatozoonosis, babesiosis, enfermedad de Lyme, bartonelosis y anaplasmosis.

La ehrlichiosis, la fiebre maculosa de las montañas rocosas, la enfermedad de Lyme y la anaplasmosis son zoonóticas, es decir que puede transmitirse de los animales a seres humanos.

Sobre los resultados conseguidos con el estudio, la docente dijo: “Hemos encontrado casos de hepatozoon, pero no de ehrlichia”.

“Trabajamos con los perros que vienen a la consulta y tienen signos asociados a la enfermedad -como fiebre o petequias, que son unas manchas rojas en la piel, pero no hemos tenido aún ningún caso positivo de ehrlichia”, puntualizó.

González explicó: “En los casos en los que hubo sospechas, se han hecho extracciones de sangre para hacer un extendido en vidrio para observar con el microscopio en búsqueda de la bacteria. Y también se trabajó por serología; disponemos de unos tests que fueron aplicados a todos esos perros y dieron negativo”.

La garrapata que transmite esta enfermedad se llama Riphicephalus sanguineus. Hay dos tipos de esa misma garrapata y una se radica donde la temperatura es más elevada, la cual está más asociada con la transmisión de la ehrlichia. Por eso, los investigadores de la UNRC sospechan que podría deberse a una cuestión vinculada con el clima el hecho de que no se haya detectado en el marco de este estudio puntual.

Por su parte, la especialista Corina Guendulain, indicó: “Acá haciendo los test serológicos no detectamos ehrlichiosis”. Y puntualizó: “Con hepatozoon hemos trabajado con 64 perros, con la técnica de visualización en portaobjetos”, a la vez que aclaró que la hepatozoonosis es una enfermedad muy habitual. “Se encuentra muy frecuentemente el parásito”, indicó.

Determinación molecular

Guendulain también señaló: “En este proyecto nos propusimos determinar la especie. Son dos las que parasitan al perro, una es el hepatozoon americanum y la otra es el hepatozoon canis.

Acá se ha hecho una determinación molecular y se ha detectado hepatozoon canis. Ahora estamos en la búsqueda de hepatozoon americanum. Para ello, se trabaja con perros con síntomas que podrían coincidir con los descriptos para esa especie”.

La docente comentó: “Muestras de sangre positivas hay 64, pero con determinación molecular tenemos hechas 30”.

Corina Guendulain detalló el proceso que demanda la aplicación de las técnicas moleculares. “La muestra de sangre se saca con anticoagulante, se la somete a unos kits para romper las células, los glóbulos blancos, que es donde está el parásito. Y se rompe también el parásito para obtener el ADN”, describió.

Y acotó: “Después se hace una amplificación del ADN encontrado. Lo que se intenta encontrar es una secuencia genética conocida de ese parásito, para determinar la especie”.

Una vez que se saca la muestra de sangre del perro en cuestión, se extrae el ADN, lo cual lleva todo un día de trabajo. Después, se hace la mezcla de reacción. Así determinan si es hepatozoon o no. Paso seguido, se envía la muestra al Inta Castelar para la realización de la secuenciación. Y el resultado se tiene a los 20 días.

En tanto, la doctora Griselda González dijo: “Es importante el diagnóstico molecular para confirmar la especie”. Y añadió: “Hemos tenido casos con signos articulares o neurológicos, con dificultades para caminar, lo cual generó nuestra sospecha de que se pudiera tratar del hepatozoon americanum, que es mucho más agresivo”.

A los perros sospechosos, además de la observación de la sangre, se le hace lo que se llama serología, que es un análisis rápido, un test colorimétrico, que tiene una sensibilidad importante. En todos los casos dio negativo para ehrlichia, por eso aún no han pasado a PCR.

De las patas de las garrapatas

Como aún no se ha encontrado ningún perro con serología positiva ehrlichia, ahora, este equipo de trabajo comenzó a estudiar la endolinfa, que sería como la sangre de las garrapatas.

Les cortan las patas a estos arácnidos para obtener ese que es un líquido transparente, el cual se lo coloca en un vidrio y allí se busca ehrlichia.

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