En conmemoración del Monseñor Enrique Ángel Angelelli Carletti

 

Ciruelo de mi puerta,si no volviese yo,
la primavera siempre volverá.Tú, florece.

(Anónimo japonés. Colocado por Haroldo Conti
como epígrafe de su cuento La balada
del álamo carolina)

 

El próximo 4 de agosto se cumplen 40 años del asesinato del Monseñor Enrique Ángel Angelelli Carletti, perpetuado en La Rioja en el año 1976 en el marco del terrorismo de estado instaurado por la última dictadura cívico-militar. Por este crimen fueron juzgados Luis Fernando Estrella y Luciano Benjamín Menéndez, gracias a la derogación, efectuada por el gobierno de Néstor Kirchner en 2005, de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, sancionadas en 1986.

La vida de Monseñor Angelelli constituye la encarnación de un ejemplo de compromiso y militancia que buscaba revertir las situaciones de profunda injusticia social que sufrían amplios sectores de la población. Desde sus comienzos en la ciudad de Córdoba, en la que fue nombrado vicario cooperador de la parroquia San José de barrio Alto Alberdi y capellán del Hospital Clínicas, en 1951, hasta su designación como Obispo de la Diócesis de La Rioja, en 1968, Angelelli mostró su compromiso, promoviendo la organización sindical de los sectores obreros, llevando adelante una intensa actividad de militancia en los barrios más humildes.

Visitó las villas miserias de Córdoba y asumió como asesor de la Juventud Obrera Católica (JOC), con sede en la capilla Cristo Obrero. Fue rector del Seminario Mayor y como obispo auxiliar se involucró en los conflictos laborales gremiales (Fiat, IME, Municipales), y trabajó con otros sacerdotes para reconquistar un lugar para la Iglesia, causando que fuese resistido por el conservadurismo eclesial. En 1963 convocó a campañas de solidaridad para mitigar el hambre y el abandono de los desposeídos.

Angelelli asumió como obispo de la diócesis de La Rioja, designado por el Papa Pablo VI. Lo que aparecía como el camino al ostracismo, se transformó en el escenario episcopal que movilizó a los amplios sectores riojanos sumidos en la postergación, promoviendo la formación de cooperativas de campesinos y alentando la organización sindical de los peones rurales, los mineros y las empleadas domésticas.

En La Rioja, Angelelli colaboró en crear sindicatos de mineros, trabajadores rurales y de domésticas, así como cooperativas de trabajo, de telares, fábricas de ladrillos, panaderos y para trabajar la tierra.

El asesinato de Monseñor Angelilli significó la clausura de una existencia cuyo propósito era la búsqueda de la justicia social. En este sentido, encarna uno de los ejemplos más crueles del plan político, económico y cultural que intentó perpetuar la dictadura cívico-militar del ’76, que fue instaurando un estado de terror, promoviendo la desigualdad social y eliminando cualquier voz que reclamara por la justicia social, por la dignidad de los trabajadores, por los derechos de los que menos tienen.

La vida de Angelelli sigue en pie. Alumbrando la lucha de todos aquellos que frente a la injusticia social levantan su voz para denunciarla, para modificarla, para ayudar a aquellos que la padecen para que ejerzan sus derechos.

El Observatorio de Derechos Humanos de una UNRC no sólo recuerda este 4 de agosto de 2016 el asesinato de Monseñor Angelelli, sino que conmemora, ante todo, su existencia, que sigue floreciendo en cada acto que busque la justicia. En este sentido, es fundamental señalar la necesidad de que sigan adelante los Juicios por Crímenes de Lesa Humanidad, que comenzaron a desarrollarse ya hace algunos años en nuestro país, gracias de decisiones políticas concretas. Gracias a estos juicios fue posible esclarecer el crimen de Monseñor Angelelli y continuar ejerciendo nuestra memoria como nación, para que voces como las de Angelelli nunca sean silenciadas.

 

 




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