Secretaría de Extensión
Del miedo al qué dirán al gozo: danzaterapia en el PEAM
04 de Noviembre de 2026
No está trazado en los mapas pero es uno de los límites más fáciles de encontrar: el miedo. A su causa se pierden muchas oportunidades. Claro que quien cruza ese límite siente una dicha que amerita el intento.
Más de uno no baila en público por temor a las críticas. A medida que pasan los años, más sospechas de miradas crueles a los pies propios.
Por eso, una de las satisfacciones principales de la profesora de danzaterapia del Programa Educativo de Adultos Mayores es ver que personas de más de 55 años se animan a tomar su taller y percibir sus sonrisas. En el PEAM de la Universidad Nacional de Río Cuarto desde 2025, Eliana Gómez señala que los encuentros de este taller "combinan movimiento, exploración corporal y momentos de reflexión. No se trata solamente de bailar o aprender pasos sino de habitar el cuerpo desde otro lugar". A tal efecto, "trabajamos con ejercicios que implican consciencia corporal, respiración, improvisación guiada", mediante "ritmos diversos y distintas propuestas que invitan a las emociones, a activar memorias o estados internos a través del movimiento. A veces, compartimos conceptos teóricos vinculados al cuerpo, a la creatividad o al bienestar pero la experiencia práctica ocupa siempre un lugar central", consonante con la asunción de la danzaterapia como "el uso del movimiento con fines de integración y desarrollo personal".
Manifestación y encuentro
Gómez plantea que "en danzaterapia el interés no está puesto en ejecutar correctamente un estilo específico de danza sino lo que ocurre con la persona cuando se mueve, entonces la danza aparece como una posibilidad de encuentro con uno mismo, de manifestación de ese cuerpo que quiere moverse para contar algo, para sacar algo que lo tiene rígido, preocupado, y también esta posibilidad de crear redes junto con otros a través del movimiento".
-¿Puedo ir al taller aunque no sepa bailar?
-Sí, absolutamente. Cualquier persona puede bailar aunque nunca en su vida haya tomado clases. No hace falta saber bailar ni tener habilidades corporales para la danzaterapia. El taller busca ofrecer un espacio cuidado, donde no hay exigencia estética ni evaluación. No hay ningún movimiento que esté bien o mal hecho sino una diversidad de movimientos posibles. Muchas personas llegan con vergüenza y poco a poco empiezan a encontrar confianza y a sentirse más seguros de sí mismas. El objetivo no es exponerse sino sentirse cómodo con el propio cuerpo.
Además, sostiene la profesora, "la danza puede tener efecto terapéutico porque el cuerpo no solo está expresando emociones sino también tensiones, historias y modos de vincularnos con nosotros mismos y con un otro. El movimiento consciente puede favorecer el bienestar, la percepción corporal, la regulación emocional, la creatividad, la autoestima... esa sensación de vitalidad".
La licenciada Gómez aclara que "la danzaterapia de ninguna manera reemplaza un tratamiento psicológico o médico cuando son necesarios". y añade que "una persona con problemas articulares puede asistir al taller porque las propuestas se adaptan a distintas posibilidades corporales. No se trabaja desde la exigencia física sino que se prioriza el cuidado y la escucha del cuerpo. Es importante que la persona lo comente para valorar adaptaciones o consultar indicaciones médicas si fuera necesario".
El cierre es, como en el comienzo, en el centro de la pista: "Una de las cosas más valiosas del taller es que muchas personas vuelven a relacionarse con el movimiento desde el disfrute, lo cual también es una forma de bienestar".
El PEAM es uno de los programas de Secretaría de Extensión y Desarrollo de la Universidad. El único requisito para tomar sus talleres es tener, al menos, 55 años.
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